El aluminio anodizado es de los materiales que menos mantenimiento pide, pero "poco" no es "nada". Una limpieza mal hecha, con el producto equivocado, puede opacar o rayar la capa anodizada antes de tiempo — y esa capa es justamente la que lo protege de la corrosión.

Limpieza de rutina

Alcanza con agua tibia y un jabón neutro (el mismo que usarías para platos delicados), aplicado con un paño suave o una esponja que no raye. Para el polvo acumulado en las guías y rieles, un cepillo de cerdas blandas o un aspirador con boquilla chica evita que la suciedad rayada actúe como lija cuando se corre la hoja.

Con hacerlo cada 2 o 3 meses en uso normal alcanza. En aberturas sobre avenida, con más hollín y polvillo del tránsito, conviene achicar ese intervalo.

Qué productos evitar

Herrajes y burletes

Las bisagras, cremonas y rodamientos conviene lubricarlos una o dos veces al año con silicona en aerosol (no con aceite común, que junta más polvo del que resuelve). Los burletes de goma se resecan con los años — si notás que entra aire o ruido donde antes no entraba, generalmente el problema está ahí, no en el aluminio.

Señales de que necesitás una revisión profesional

Ninguna de estas señales significa que haya que cambiar la abertura entera — la mayoría se resuelve con un ajuste o un cambio de burlete. Pero cuanto antes se atienda, menos se desgasta el resto del sistema.

¿Tenés aberturas que ya no cierran bien o perdieron el terminado? Te las revisamos sin cargo.

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